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Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos

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Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos

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Disponibilidad: Disponible


Autor: Varios autores

Editorial: U. de los Andes

U. de los Andes

Año de Edición: 2011

2011

Idioma: Español

Formato: Libro Impreso

Número de páginas: 445

ISBN: 9789586956024

9789586956024
Cuarenta años después de la declaración de la "guerra contra las drogas" por parte del presidente Nixon, el debate sobre la eficacia y los costos de la prohibición está al rojo vivo. Varios ex presidentes latinoamericanos y reconocidos intelectuales de todo el mundo han llamado la atención sob...
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SKU: 69933

Producto creado el 09/05/2011

Descripción

Detalles

Cuarenta años después de la declaración de la "guerra contra las drogas" por parte del presidente Nixon, el debate sobre la eficacia y los costos de la prohibición está al rojo vivo. Varios ex presidentes latinoamericanos y reconocidos intelectuales de todo el mundo han llamado la atención sobre la ineficacia y las consecuencias adversas del énfasis prohibicionista. Este libro, que recoge las investigaciones de académicos de muchas disciplinas, analiza de manera minuciosa la experiencia de Colombia, los éxitos, los fracasos y los extravíos de las políticas antidroga en uno de los principales protagonistas de una guerra que ya completa cuatro décadas. El libro abarca muchos temas: la economía de la producción de drogas ilícitas, las políticas para la reducción del consumo y para la disminución de la oferta durante el Plan Colombia, la injerencia de la problemática de las drogas en las relaciones internacionales, las políticas para evitar el lavado de activos, la conexión entre el tráfico de drogas y la parapolítica, las estrategias contra el crimen organizado, entre otros. Pero más allá de la diversidad temática, hay un hilo conductor en los diferentes capítulos: la necesidad de analizar objetivamente, a partir de la evidencia disponible, qué funciona y qué no. Este libro es un aporte de la Universidad de los Andes a un debate inaplazable que necesita, hoy más que nunca, trascender las posturas ideológicas y las opiniones preconcebidas. El libro abarca muchos temas: la economía de la producción de drogas ilícitas, las políticas para la reducción del consumo y para la disminución de la oferta durante el Plan Colombia, la injerencia de la problemática de las drogas en las relaciones internacionales, las políticas para evitar el lavado de activos, la conexión entre el tráfico de drogas y la parapolítica, las estrategias contra el crimen organizado, entre otros. Pero más allá de la diversidad temática, hay un hilo conductor en los diferentes capítulos: la necesidad de analizar objetivamente, a partir de la evidencia disponible, qué funciona y qué no. Este libro es un aporte de la Universidad de los Andes a un debate inaplazable que necesita, hoy más que nunca, trascender las posturas ideológicas y las opiniones preconcebidas.
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Editor / MarcaU. de los Andes
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Resumen
"'Políticas antidrogas han fracasado': académicos colombianos"

El libro 'Políticas antidroga; éxitos, fracasos y extravíos' reúne conclusiones sobre el tema.
 
Que las políticas sobre "guerra contra las drogas", dictadas en Washington y reproducidas en Colombia, fracasaron; que el consumo doméstico de estas se ha duplicado y es "urgente" abordar el problema con medidas de prevención eficaces; que ni la aspersión ni la erradicación manual de cultivos ilícitos han dado los resultados esperados; que el aumento de penas como instrumento de lucha contra los actores de este negocio criminal "fracasó" y hay que "identificar" los puntos débiles de la Justicia, para fortalecerlos sin acudir a más leyes; que Colombia debe liderar a nivel mundial, con socios como Brasil y México, un cambio del falso dilema "prohibicionismo o legalización" y propugnar por políticas basadas en evidencias científicas, no en prejuicios ideológicos; que se debe concentrar el mayor esfuerzo del ataque en la parte más rentable del negocio, y no en los cultivadores, que son el eslabón más débil.

Estas son apenas algunas de las muchas conclusiones a las que un grupo de académicos de la Universidad de los Andes acaba de llegar y que están consignadas en el libro Políticas antidroga: éxitos, fracasos y extravíos, conocido esta semana.

El texto, compilado por Alejandro Gaviria (decano de la facultad de Economía de esta universidad) y Daniel Mejía (otro profesor del mismo centro), propone de manera contundente un replanteamiento general de las políticas antidrogas en Colombia y en el mundo.

Según el ex presidente César Gaviria, prologuista del libro y uno de los líderes que busca un cambio de las políticas antidrogas a nivel global, se trata de "un documento inteligente, que se va a convertir en herramienta eficaz para trabajar en el logro de los objetivos en este campo".

Además de examinar en detalle cada uno de los eslabones de la cadena (cultivo, producción, tráfico y consumo), en los que se señalan los errores de las políticas adoptadas durante más de 40 años, los investigadores se atrevieron a presentar sugerencias puntuales muy sustentadas.

Crítica tomada de El Tiempo.com

http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-9251144.html
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"La evolución de la lucha antidrogas y sus consecuencias
Cuarenta años después"

Cuando Richard Nixon la declaró, en junio de 1971, tuvo quizás una motivación coyuntural, pero sus efectos son permanentes y de largo plazo

En junio de 1971, hace ya 40 años, el presidente de EE.UU. Richard M. Nixon declaró la “guerra contra las drogas”. En un famoso discurso, Nixon reiteró el compromiso con la prohibición del consumo de drogas psicoactivas y anunció un paquete de ayuda militar a los países productores y exportadores de drogas ilícitas. “El consumo de drogas ha asumido las dimensiones de una emergencia nacional… el peligro no pasará con el fin de la guerra de Vietnam. Existía antes de Vietnam y existirá después”, dijo Nixon de manera enfática.

Entonces nadie previó las consecuencias devastadoras de una decisión política motivada por factores coyunturales, por el aumento del consumo de drogas entre los soldados y veteranos de la guerra de Vietnam y por la antipatía de Nixon hacia los jóvenes que se oponían a su cruzada anticomunista, muchos de ellos consumidores habituales de marihuana y otras drogas psicoactivas. Los motivos del presidente Nixon están perdidos en la historia, en los archivos de su presidencia. Las consecuencias de la guerra contra las drogas, por el contrario, son evidentes, aparecen registradas a diario en los medios de comunicación de todo el mundo. La guerra contra las drogas tuvo probablemente una motivación coyuntural, pero ha tenido efectos permanentes, de largo plazo.

En particular, la guerra contra las drogas desencadenó una serie de eventos que, a la vuelta de algunos años, llevaron a la consolidación de Colombia como el principal exportador de cocaína a EE.UU. En 1971 comenzó a escribirse la historia contemporánea de Colombia. O, mejor, a torcerse, de manera lenta pero definitiva, el destino de nuestro país.

Paradójicamente, la guerra contra los drogas produjo un aumento considerable en el consumo de cocaína en EE.UU. Las primeras medidas represivas aumentaron las multas y las penas para el consumo de marihuana, LSD y heroína, no para el de cocaína. En 1975 un documento oficial de la Casa Blanca decía que la cocaína tenía una prioridad baja: “No tiene consecuencias serias tales como el crimen, la hospitalización o la muerte”.

El consumo de cocaína se toleró abiertamente por parte del gobierno de Nixon y por parte la sociedad estadounidense. A comienzos de los años setenta, la cocaína era percibida como una droga domesticada para consumidores glamourosos, hombres de negocios, actores de Hollywood y estrellas de rock, para lo que hoy llamaríamos (cabe el anacronismo) la clase creativa. La demanda creció con la aceptación gubernamental y social. Los consumidores tenían poco que temer. No había castigo. Ni estigma. Todo lo contrario: la cocaína era percibida como la champaña de las drogas. Las fiestas en Manhattan comenzaban con martinis y terminaban con “a hit of coke”.

Al mismo tiempo que crecía la demanda de cocaína, la oferta de marihuana, heroína y otras drogas psicoactivas disminuía sustancialmente como resultado de las medidas represivas puestas en marcha por el gobierno de Estados Unidos. Miles de hectáreas de marihuana fueron fumigadas en México en los años setenta. Varias redes internacionales de distribución de heroína, entre ellas la famosa “French Connection”, fueron desmanteladas por la misma época. La marihuana comenzó a escasear en las calles de Estados Unidos. Lo mismo ocurrió con la heroína y el LSD. La caída en la oferta le abrió espacio al surgimiento de la cocaína.

El ascenso de la cocaína (y la correspondiente caída de otras drogas psicoactivas) puede estudiarse cuantitativamente. El gráfico adjunto muestra la frecuencia de aparición, en cientos de miles de publicaciones en inglés, de las palabras cocaine, LSD y marihuana. Hasta comienzos de los años setena, la palabra cocaine apenas figuraba en la literatura y en los reportes de la prensa escrita anglosajona. Una década más tarde, a comienzos de los años ochenta, su frecuencia de aparición ya superaba a la de las palabras LSD y marihuana.  Desde el punto de vista del interés mediático y literario, la cocaína desplazó rápidamente a otras drogas psicoactivas. Su auge comienza, paradójicamente, con la declaración de la guerra contra las drogas.

Al principio, la creciente demanda por cocaína fue atendida por traficantes sin mucha experiencia que aprovechaban la ausencia de controles en los aeropuertos de origen y destino. Los traficantes compraban la materia prima a los cultivadores, la procesaban  y la exportaban a través de mensajeros espontáneos, reclutados entre viajeros de clase media. Los chilenos dominaron inicialmente el negocio. Su preeminencia tuvo final abrupto tras el golpe de Estado de septiembre de 1973. Diecinueve narcotraficantes chilenos fueron extraditados por el nuevo gobierno militar en cuestión de meses. Bastó una insinuación de las autoridades de EE.UU. en el sentido de que los traficantes podrían financiar las actividades de los grupos de izquierda que habían entrado en la clandestinidad. La guerra contra las drogas y la lucha anticomunista tuvieron inicialmente muchos vasos comunicantes.

Los traficantes colombianos no dominaron inmediatamente el mercado de exportación de cocaína. Los cubanos radicados en EE.UU., argentinos e italianos, entre otros, participaron activamente en el tráfico tras la desaparición de los chilenos. En mayo de 1974, en uno de sus primeros informes sobre el tema, el diario colombiano El Tiempo reportó que varios estadounidenses, argentinos, chilenos, italianos y venezolanos fueron detenidos en el aeropuerto Eldorado de Bogotá mientras intentaban embarcarse con cocaína hacia EE.UU. (El Tiempo, 1974, 10 de mayo). Usualmente llegaban a Colombia por unos días, compraban la droga en Leticia u otra ciudad de frontera y salían cargados de cocaína hacia EE.UU. o Europa. Los traficantes colombianos eran un grupo más entre muchos otros. “En el mapa mundial del tráfico de drogas, Colombia es uno de los tres o cuatro países más importantes”, informó el mismo diario por aquella época (1973, 13 de mayo).

En pocos años, por razones todavía no plenamente entendidas, los traficantes colombianos se convirtieron en los principales exportadores de cocaína al mercado de EE.UU. Algunos estudiosos citan razones geográficas, otros mencionan causas sociológicas (el supuesto gusto de los colombianos por la ilegalidad). Pero el determinismo, geográfico o cultural, no es del todo convincente. La primacía colombiana bien pudo haber obedecido a eventos fortuitos, a accidentes históricos perpetuados  por razones económicas, por cuenta de la ventaja competitiva que deviene del aprendizaje y la especialización.

La naturaleza azarosa, contingente, de la primacía colombiana hace más trágica la historia subsiguiente, los muchos efectos adversos del narcotráfico sobre la vida política, social y económica del país. El narcotráfico disparó la violencia. La tasa de homicidios pasó de menos de 30 por 100.000 habitantes en 1978 a más de 70 en 1990. Otros fenómenos criminales, entre ellos la extorsión, el tráfico de armas y el robo de vehículos, también florecieron como resultado de la consolidación del crimen organizado y el consecuente debilitamiento de la justicia. El narcotráfico produjo, en suma, un crecimiento acelerado del crimen violento, primero en algunos departamentos, más tarde en todo el país.

Pero el narcotráfico también afectó las instituciones. Inicialmente, infiltró los partidos tradicionales, después emprendió una guerra abierta contra el Estado y los medios de comunicación, más tarde financió la expansión de los grupos guerrilleros, posteriormente pagó por el crecimiento de los grupos paramilitares y más recientemente por el surgimiento de las llamadas bandas criminales, como bien lo ha dicho el expresidente César Gaviria. En  los últimos 30 años, los mayores desafíos a las instituciones colombianas han venido directamente de grupos de narcotraficantes o han sido financiados por el dinero del narcotráfico.

El narcotráfico corrompió, desde muy temprano, la justicia, la política y muchas actividades públicas y privadas. En marzo de 1978, en medio de la elección presidencial de entonces, un reportero del New York Times escribió un extenso informe en el que señalaba, entre otras cosas, que “los narcotraficantes han surgido no sólo como una nueva clase económica, sino también como una poderosa fuerza política, con enlaces corruptos en todos los niveles de gobierno… Los dineros ilícitos afectaron las elecciones del Congreso, en las cuales muchos votos fueron comprados a diez dólares por unidad, particularmente en la costa atlántica”. Más de 30 años después su poder corruptor sigue siendo tan evidente como entonces.

Pero las consecuencias no pararon allí. Las relaciones internacionales del país se “narcotizaron”, pasaron a estar completamente dominadas por el tema de la droga. Colombia comenzó a ser percibida simplemente como un país productor y exportador de cocaína. Cada exportación, cada movimiento de capitales y cada viaje al exterior de un colombiano eran considerados sospechosos. La exportación de cocaína no sólo transformó la realidad interna: también distorsionó las percepciones del mundo sobre el país.

En síntesis, el narcotráfico transformó profundamente la sociedad colombiana. En palabras de la historiadora Mary Roldán, el tráfico de cocaína “rompió la tradición, transformó las costumbres sociales, reestructuró la moral, el pensamiento y las expectativas”. Las consecuencias son todavía visibles, forman parte de la realidad económica, social e institucional de Colombia. Las causas son más difíciles de precisar. Son parte de una historia compleja, no plenamente resuelta, una historia que comenzó hace ya 40 años con la declaratoria de la guerra contra las drogas.

Colombia ha sufrido más que ningún otro país las consecuencias de la guerra antidrogas y,  40 años después, puede decirse, sin salvedades, con la certeza que dan muchos años de padecimientos, que  fue la principal víctima de una guerra absurda que aún no termina.

El capítulo Colombia
El 13 de julio de 2000 el Congreso de Estados Unidos aprobó el Plan Colombia, una iniciativa que venía siendo discutida por las administraciones de Andrés Pastrana y Bill Clinton con la intención de promover el proceso de paz, la lucha contra el narcotráfico, la reactivación de la economía colombiana y el fortalecimiento de los pilares democráticos de la sociedad colombiana.

Once años después de haber sido puesto en práctica son muchas las voces que  aseguran que fue  un fracaso ya que no cumplió con el objetivo de reducir en 50% el cultivo, procesamiento y distribución de drogas ilegales. Sin embargo, hay quienes sostienen que su principal logro fue asentar las bases de la “seguridad democrática”.

Lucha antidrogas en Colombia: éxitos y fracasos
Hoy será lanzado en la Universidad de los Andes de Bogotá el libro Política antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos, un documento dividido en 15 capítulos que analiza el problema del tráfico de estupefacientes en el país desde la perspectiva de la producción, el tráfico y las políticas públicas que han adelantado los gobiernos para combatirlo.

Alejandro Gaviria y Daniel Mejía fueron los compiladores del informe,  que analiza los impactos de la lucha nacional antidroga en los aspectos social, económico e institucional.  Inspirados en el mismo trabajo hicieron la versión que publica hoy este diario.

Crítica tomada de Elespectador.com

http://www.elespectador.com/impreso/internacional/articulo-265700-cuarenta-anos-despues 
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“Colombia nunca fue una economía narcotizada”: Alejandro Gaviria

El libro “Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos”, compilado por Alejandro Gaviria, aporta una cantidad de datos nuevos sobre el tema de las drogas.


Lo bueno es que hace unos meses, Barack Obama dijo que ya no estaba prohibido pensar sobre qué hacer respecto al fracaso de la guerra contra las drogas. Lo malo es que no existe suficiente información para dar una discusión profunda al respecto pues las cifras están dispersas y no coinciden del todo y hay muchas aristas del problema que estaban sin investigar.

El libro “Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos”, compilado por Alejandro Gaviria, decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes y el investigador Daniel Mejía Londoño, es un esfuerzo por poner toda la información existente junta y aportar una cantidad de datos y reflexiones nuevas sobre el tema de las drogas. El libro abarca desde la microeconomía del negocio hasta el lavado de activos pasando por el consumo, las estrategias fallidas que se han aplicado en los últimos cuarenta años para combatirla y los efectos no deseados de estas políticas.

Juanita León entrevistó a Gaviria sobre el libro y el gráfico de abajo se realizó con la información del capítulo sobre microeconomía del negocio a cargo de Daniel Mejía y Daniel Mauricio Rico. Ellos lo hicieron con base en indicadores de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodoc) y la Oficina Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos más investigación propia.

La Silla Vacía: ¿Cuál es el peso de todo el negocio del narcotráfico en la economía colombiana?

Alejandro Gaviria: Aproximadamente de 2,5% del PIB. Un impacto importante pero macroeconómicamente menor. Probablemente nunca superó el 4% del PIB.

LSV: Si no tiene sino un impacto del 2 o 3 por ciento del PIB, ¿por qué tiene un poder corruptor tan grande en la política y la vida social?

Gaviria: Porque en todo caso las ganancias son sustanciales y, sobre todo, están concentradas en pocas manos, lo cual, en conjunto, les da a los narcotraficantes un gran poder corruptor.  Hay en todo esto una suerte de paradoja. El narcotráfico transformó la sociedad y las instituciones colombianas. Disparó la violencia, infiltró los partidos, corrompió las instituciones, reestructuró la moral, etcétera. Pero Colombia nunca fue, desde una perspectiva macroeconómica, una economía narcotizada.

¿Qué pasaría en el hipotético caso de que se legalizara la droga, sobre todo en términos económicos?

No mucho. Tendría efectos regionales sobre algunos mercados puntuales. Pero la economía no se derrumbaría.

Muchos comentaristas, entre ellos algunos congresistas, utilizan el narcotráfico como una explicación comodín para muchos fenómenos. Que se revaluó el peso, culpa del narcotráfico dicen. Que la economía entró en recesión, es por el ajuste ético decían en los años de Samper. Que el comercio está disparado, es por cuenta de un boom mafioso, repiten con frecuencia. Todas estas explicaciones son falsas. Nada tienen que ver con los hechos.

En general el flujo de dineros del narcotráfico ha sido más o menos constante durante los últimos veinte años. Es imposible por lo tanto explicar movimientos coyunturales a partir de un fenómeno casi invariable en el tiempo.

Ustedes muestran que el Plan Colombia no ha sido muy eficiente contra el narcotráfico. Si estuviera en sus manos, ¿acabarían con el Plan Colombia hoy?

Sí. Colombia tendría, entonces, más autonomía para definir la política antidroga. La política estaría menos subordinada a los intereses y las obsesiones de los Estados Unidos. Además, le daría a Colombia mayor libertad para exponer su caso, para contar su historia en los escenarios internacionales.

Las políticas de demanda no son la panacea. Pero al menos no son contraproducentes. Las políticas de oferta elevan la rentabilidad del negocio. Lo hacen más atractivo. Equivalen, como dijo alguna vez Milton Friedman , a un subsidio directo del estado a los traficantes. Pero nuestra visión es que las políticas deberían estar basadas en la evidencia, en lo que funciona. En cualquier otro campo, esta recomendación es una obviedad. En el campo de la política antidroga, es una novedad.

¿Por qué creen que en Estados Unidos -e incluso en Colombia- se ha inhibido el debate sobre esta fracasada política antidrogas? ¿A quién le conviene el status quo de esta guerra?

En buena medida porque en los Estados Unidos la mayoría de los votantes está de acuerdo con las políticas actuales a pesar de los fracasos. Siempre será más fácil prometer mano dura que hablar de políticas basadas en la evidencia. Pero también hay algunos grupos poderosos interesados en la continuidad de las políticas actuales. Monsanto por ejemplo hace lobby a favor de la aspersión área.

¿Cómo la lucha contra el narcotráfico ha terminado aumentando los ingresos de los narcos?

La guerra aumenta el precio de la droga y por lo tanto la rentabilidad de los carteles y de los grandes exportadores.

¿Teniendo en cuenta lo que ya saben del narcotráfico, hacia dónde cree que evolucione el negocio si no se hace una modificación radical en la lucha contra las drogas?

Creemos que la geografía del negocio está cambiando. Ya no es un problema colombiano: es un problema de casi toda la región, de México, de los países centroamericanos, de Argentina, de Brasil, etcétera. Colombia dominó el mercado por muchos años. Probablemente mantendrá su preeminencia por un tiempo. Pero no por siempre, 40 años después, nuestro consuelo mayor es el mal de muchos.

Otro desarrollo importante es que este ya no es un negocio meramente de exportación. El consumo interno está creciendo rápidamente. En Colombia se duplicó en poco más de una década. En muchas ciudades el control por los mercados internos genera más violencia que el control del negocio de exportación. Lo peor: no tenemos políticas claras al respecto. Se habla mucho de la corrupción de la DNE. Pero cabría también mencionar el desperdicio de sus campañas preventivas. Tres años de la mata que mata no sirvieron previsiblemente para nada.

Entrevista tomada de La silla Vacia

http://www.lasillavacia.com/historia/colombia-nunca-fue-una-economia-narcotizada-alejandro-gaviria-23868

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"Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos"

Hace unas semanas publicamos un artículo en Foco Económico (ver artículo aquí) en el cual hacíamos un recuento histórico acerca de cómo surgió el narcotráfico en Colombia. Esta actividad ilícita mueve aproximadamente USD 8 billones al año en Colombia (aproximadamente 2.3% del PIB) y ha sido la principal fuente de financiación de grandes organizaciones criminales y grupos armados ilegales. A pesar del daño que ha generado esta actividad ilícita a Colombia, no hay soluciones mágicas ni milagrosas para acabar con este negocio, que, mientras permanezca ilegal y se mantenga la actual postura prohibicionista, seguirá estando con nosotros. Sin embargo, y a pesar de ser un problema muy complicado de solucionar, el libro Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos (que publicaremos el próximo 28 de abril en la Universidad de los Andes), recoge una serie de reflexiones y recomendaciones de política generales encaminadas a formular políticas antidroga más efectivas y basadas más en la evidencia disponible acerca de qué funciona y qué no en materia de políticas antidroga y menos en posturas ideológicas preconcebidas. A continuación hacemos una breve descripción de los capítulos que componen este libro y enumeramos las recomendaciones generales que se desprenden del análisis de los diferentes capítulos.

El libro está dividido en cinco partes. La primera, “Dimensión del pro blema de las drogas en Colombia: producción, tráfico y consumo”, consta de dos capítulos. El capítulo 1 describe la cadena de producción y trá fico de cocaína en Colombia, cuantifica el valor agregado generado en cada eslabón del negocio y analiza finalmente la importancia macroeco nómica de la producción y el tráfico de cocaína. El capítulo 2 estudia la evolución del consumo de drogas en Colombia durante los últimos quince años, caracteriza los consumidores de drogas ilícitas y analiza, de manera preliminar, los efectos sobre el consumo interno del fallo de la Corte Constitucional que ordenó, a mediados de los años noventa, la despenalización de la llamada dosis personal.

La segunda parte, “Políticas de reducción de oferta y demanda”, estu dia las políticas antidroga en Colombia. Tres políticas son analizadas de manera exhaustiva: la política reciente de control de la producción y el tráfico de cocaína, las políticas de desarrollo alternativo y las políticas de prevención y tratamiento del consumo. El capítulo 3 estudia la efectividad, los costos y la eficiencia de las polí ticas de reducción de la oferta puestas en marcha por el Plan Colombia, y evalúa, además, las distintas posibilidades de intervención en las acti vidades de producción y exportación de drogas ilegales en Colombia. El capítulo 4 estudia los programas de desarrollo alternativo; en particular, los esfuerzos más recientes encaminados a controlar los cultivos ilícitos mediante la promoción de actividades agrícolas lícitas. Por último, el capítulo 5 describe los programas, escasos y desarticulados en general, de reducción de la demanda y de tratamiento de los adictos en Colombia. El capítulo formula algunas recomendaciones concretas basadas en la evi dencia científica y en las buenas prácticas documentadas en la literatura académica sobre este tema.

La tercera parte del libro, “Relaciones internacionales y políticas anti droga en Colombia”, estudia la interrelación entre los vínculos externos de Colombia y el problema de la droga. Esta parte consta de tres capí tulos. En conjunto, los capítulos muestran que los esfuerzos de varios gobiernos por “narcotizar” la agenda de política exterior con el objetivo preponderante de conseguir ayuda y financiación para la lucha antidroga, han llevado a decisiones equivocadas, a desencuentros con países que tie nen una aproximación diferente a la problemática de las drogas y al des cuido de temas importantes de la agenda de política exterior. El capítulo 6 muestra, por ejemplo, que, con el fin de contrarrestar el desinterés por el tema de las drogas ilícitas de algunas organizaciones multilaterales, los gobiernos de Colombia han seguido la estrategia deliberada, retórica podría decirse, de resaltar el vínculo entre la producción y el tráfico de drogas con otros temas que sí son prioritarios para estas organizaciones como el terrorismo, el medio ambiente y los derechos humanos. El capí tulo 7 describe los “desencuentros” recientes entre la Unión Europea y Colombia en materia de política de drogas: mientras que Colombia ha insistido repetidamente en una aproximación más represiva, la Unión Europea ha tendido a enfatizar políticas más equilibradas, centradas, por ejemplo, en la reducción del daño. Esta falta de entendimiento ha lle vado a una cooperación europea reducida, limitada a áreas específicas, como el desarrollo alternativo, la conservación ambiental y el desarrollo económico de zonas rurales apartadas. Finalmente, el capítulo 8 muestra de qué manera la securitización de las políticas antidroga ha impedido un debate más amplio y constructivo en las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. El capítulo señala, entre otras cosas, que Colombia debe ría aprovechar la coyuntura actual en Estados Unidos para promover un debate franco sobre l...
Año de Edición2011
Número de Páginas445
Idioma(s)Español
Alto y ancho17 x 23.5
Peso0.7500
Tipo Productolibro
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Autor

Varios autores

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Tabla de Contenido

Agradecimientos     
Prólogo     
Introducción

I. Dimensión del problema de las drogas en Colombia: producción, tráfico y consumo    

1. La microeconomía de la producción y el tráfico de cocaína en Colombia
Daniel Mejía y Daniel Mauricio Rico    

2. El consumo de droga en Colombia
Adriana Camacho, Alejandro Gaviria y Catherine Rodríguez     

II. Políticas de reducción de oferta y demanda   
 

3. Políticas antidroga en el Plan Colombia: costos, efectividad y eficiencia
Daniel Mejía

4. Políticas de desarrollo alternativo en Colombia (1982-2009)
Carlos Zorro 

5. La demanda como drama: la prevención y el tratamiento del uso de drogas en Colombia
Jorge Larreamendy-Joems y María Fernanda Vence

III. Relaciones internacionales y políticas


6. La política multilateral colombiana de drogas durante las dos administraciones Uribe: hacia el activismo prohibicionista en una era de distensión
Sandra Borda

7. Colombia y Europa frente a las drogas: desencuentro pero cooperación
Muriel Laurent

8. Las drogas ilícitas en la relación Colombia-Estados Unidos: balance y perspectivas
Arlene Beth Tickner y Carolina Cepeda

IV. Aspectos legales e institucionales de la guerra contra las drogas

9. Patrullando la dosis personal: la represión cotidiana y los debates de las políticas públicas sobre el consumo de drogas ilícitas en Colombia
Julieta Lemaitre y Mauricio Albarracín

10. El tratamiento penal del narcotráfico y delitos conexos
Manuel Iturralde y Libardo José Ariza

11. La lucha contra el lavado de activos: instituciones, resultados y desincentivos
Carlos Caballero y Alfonso Amaya

V. Instituciones y narcotráfico

12. Narcotráfico: mutaciones y política
Álvaro Camacho

13. Cultivos ilícitos, participación política y confianza institucional
Miguel Garcia

14. Estrategias contra el crimen organizado
Juan Carlos Echeverry y María Paula Gómez

15. Actores violentos no estatales y narcotráfico en Colombia
Arlene Beth Tickner, Diego Garcia y Catalina Arreaza

Reseñas